miércoles, 18 de mayo de 2011
domingo, 8 de mayo de 2011
Las venas abiertas de Melians 5...
miércoles, 4 de mayo de 2011
Escombros
Podría hacer otra entrada para el blog. Podría actualizarlo más a menudo. Pero llevo unos días en que la única palabra que me viene a la cabeza cuando pienso en nuestra casa es... escombros.
Mi amor, ¡haz el favor de bajar de ahí!
domingo, 1 de mayo de 2011
El compresor, un tsunami corporal
No os dejéis engañar por la sensación de fortaleza y bienestar que transmite Joan en la foto. La realidad es otra. Y la realidad es que 30 segundos con el compresor en la mano y funcionando multiplican exponencialmente la fatiga de los brazos. Fatiga que, con el paso de los minutos y después de las horas, se transforma en dolor agudo y en llagas en las manos. Paco y Toni, los estimados hacedores de nuestra humilde morada, nos dicen que a todo uno se acostumbra. Yo llevo unos diez días alternando diferentes tareas y, de la misma manera que Mourinho se pregunta "¿por qué?", yo me pregunto: ¿cuándo? ¿Cuándo cesarán los dolores? Bueno, algunos dolores desaparecen apenas uno deja de hacer la tarea que los provoca pero al día siguiente en el primer segundo que retomamos esa misma tarea ¡ay!, los dolores vuelven a estar allí como si nunca se hubieran ido.
El compresor, sin embargo, nos proporciona un tipo de sufrimiento único en su especie.
Imaginemos un tsunami o un terremoto. La sensación física del compresor actuando es justamente esa. Temblor, calma, temblor. Temblor, calma, temblor. Una y otra vez. Una y otra vez. Un minuto, diez minutos. Una hora, dos horas, ocho horas. El temblor se va acumulando en el cuerpo. Digamos que se apodera de todo él. Se cuela por los poros como las partículas radioactivas. De manera que al final del día, cuando ya el compresor está lejos, lo que hace unas horas eran temblores en tiempo real, se transforma en réplicas. Todo tu ser, lo más profundo de tu yo, tiembla. Temblor, calma, temblor. Temblor, calma, temblor. Una y otra vez. Una y otra vez. Una ducha. Temblor, calma, temblor. Dulces sueños. Temblor, calma, temblor. Un minuto, diez minutos. Temblor, calma, temblor. Una hora, ocho horas. Temblor, calma, temblor. Ya se ha hecho de día.
A pesar del sufrimiento, no pierdo la esperanza de ver aparecer un zombie por el patio y usar el compresor para destrozarle las tripas. Este momento cinematográfico y las ganas de ver la casa acabada todo lo compensan.
lunes, 18 de abril de 2011
Una alegría y un descubrimiento
Esta mañana vino un señor a llevarse... ¡escombros! Era un señor que yo no conocía así que Toni, muy educado él, nos presentó. Gabi, el señor Xemenes. Señor Xemenes, la ¡'DUEÑA DE LA CASA!
Uau... un nuevo universo se desplegó ante mí inmediatamente al oír la frase al completo: la dueña de la casa. Os lo digo, ES un momento de felicidad. No puedo explicar los motivos. Simplemente, suena bien. Suena a felicidad. Y más, considerando que el señor Xemenes venía a llevarse la montaña de escombros que estaba plantada en medio de nuestro futuro salón. ¿Si han desaparecido por fin los escombros? Hmmm, pues no! Pero qué más da cuando soy, a partir de hoy, la Dueña de la Casa.
Otra de mis tareas del día, para descansar de los escombros, ha sido quitar los cables que cuelgan por toda la casa. A simple vista, una tarea simple. Tubos llenos de cables serpentean por las paredes de la casa. Y grande es la tentación de coger el alicate y, con un corte limpio, hacerlos desaparecer a manojos. De a cuatro o de a seis, si es posible. Pues va a ser que no. Lo he descubierto esta mañana: los cables se cortan de a uno por vez. Un humilde consejo para aquellos que tengan que hacerlo en casa. Vuestros brazos y vuestras mermadas energías después de tanto escombro, os lo agradecerán.
miércoles, 13 de abril de 2011
Oferta de la semana: Escombros

Una pared que cae
Escombros
Una bolsa y otra bolsa
Escombros
De Melians al Punt verd
Escombros
Dentro de la furgoneta
Escombros
En mis zapatos
Escombros
Entre los dedos
Escombros
Por la nariz
Escombros
El Toni me ordena
Que saque
Escombros
Sobre mis espaldas
Escombros
El pelo blanco
Y lleno
De escombros
Otra pared fuera
Y escombros
Una pala, dos brazos
Y escombros
Un día, dos días
Escombros
Por la mañana
Escombros
Y por la tarde
¡Oh, sorpresa!
Más escombros
La comida
¿A qué sabe?
A escombros
Las piernas me duelen
Me duelen los ojos
Las uñas
Y partes de mi cuerpo
Que no sabía que existían
¿Se acabarán alguna vez?
Los escombros
Yo sueño
Y en mis sueños
Y en mi casa
¡¡¡¡SOCORRO!!!!
Escombros
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